domingo, 29 de septiembre de 2013

Tu huida

Cómo duele saber que mentiste
al decirme “te quiero, mi vida.”
Me dejaste el dolor de un infarto
y el amargo sabor de tu huida.

Que no aleguen que el tiempo es la cura
los que nunca sintieron pasiones.
Que no recen por mí las heridas
ni me impongan jamás condiciones:

Que no mire hacia atrás, que me calme,
porque tuve en mis brazos: locura,
la belleza de mil obsesiones,
y este sordo dolor en tributo

que no logro explicar en canciones
que se acaban en pocos minutos.
Terco amor por la literatura
a la infiel traficante de acciones,

que comió de mi pan y mi carne
embaucándome con conjeturas
de un futuro reñido del viaje
de quien cambia sudor y estaciones.

Y dos días después de la fuga,
el siguiente y novato exiliado,
remontaba con su terca historia
en el álbum del enamorado.

Nuevamente a fingir que era oruga
que quería soñar mariposas.

Hoy se cumplen tres meses de engaño
con el tipo que la ha cobijado;
muchas veces pregunto si extraño
el perfume del pelo adorado

o ese vómito avieso en las noches
que llegaba borracho hasta el baño.




No será fácil  rescatar al prisionero
si ardió sin fuego al pensarte con aquél
que te ha alejado de su cuarto de soltero.
Vete tras él.
No vuelvas nunca, corazón de leña dura.
Falsa madera de quebracho de tonel.
Con viento en popa, cambiaré la cerradura
y no te oiré.
Y no abriré.
Vete tras él.
Cómo duele saber que mentiste
al decirme “te quiero, mi vida.”
Me dejaste el dolor de un infarto
y el amargo sabor de tu huida.


viernes, 27 de septiembre de 2013

El tiempo es redundante...

El tiempo es redundante e inexacto.
Le dije entre acto y acto:
La inglesita romántica era yo.
La Glenda en cueros,
en el desayuno de la pasión.
Belleza  ven:
Hagamos gran impacto.
Mándame un pasaje de avión
y volaré a tus brazos,
a romper en (mil) pedazos
este odioso rock and roll
sin ton ni son.
Con Cortázar y demases,
 los Beatles y sus compases,
la niña mala se deschavetó.
Corococó co co co có.
Si quieres…
Si quieres lascivia sin condón
cuenta  el cuento del corazón.
Un día de éstos lo verás:
me pondré una minifalda, y
con  mis piernas en tu espalda
despertarás
Mándame un pasaje de avión…
y volaré a tus brazos,
a romper en  MIL pedazos
este odioso rock and roll
sin compasión.