sábado, 20 de noviembre de 2010

Hombre cascado

Al hombre que ha cascado,

nunca lo verás casado,

es que el pobre es abogado

de causas sin rebeldía,

con grasa en el estofado.

Viviendo en el día a día

va sirviendo la paella

a quienes pasan de ella,

cuando venden al contado

la hidalguía.



Y si me acepta el convite

el cajón desvencijado

le ofrezco una fresca Sprite

con Soledad al cuadrado.

Perezosa a duras penas,

me fui quedando sin cenas

de escenas

del despeinado,

y afanes desafinados.

Una pena.



Y no sigo por acá

porque de rimas me canso.

No tengo pluma de ganso

ni las Cartas de mamá.

Esta letra es muy pequeña

y me he tomado un receso,

porque suenan mal los huesos

si los gasta una sureña

así que, yo soy muy dueña

de andarme con quien me plazca.



Para morir en tus versos

no habrá nadie que renazca

en el azul universo

desde Argentina hasta Alasca.

Soy María sin su lancha,

soy de Pancho lo más Pancha,

el flautista sin su flauta,

y la cabra cosmonauta,

camarera del arrabal;

soy palomo y soy gitana:

soy la mujer de tu hermana,

dulce la niña del lugar.

Sergio Lepera, el juglar,

Discepolín en el fango,

la Azucena de los tangos,

la Piazzola de las muecas,

Linda gallinita clueca

que se gana bien el mango

como un Gardel sin hogar.



Soy polaca del Polaco;

la música sin zapato

de tacón y tintineo,

bailando en piringungines

de don Edmundo Rivero

en ese mundo orillero,

de almacenes y de cines

Corrientes, Maipú, Suipacha.



Viva la chacha que escracha

contra el vidrio en los confines

cuando toca mala racha.



Esta es mi definición

al hombre sin corazón:

al pan pan y albino vino,

decía un chiste argentino

le dejaré mi canción.

Sirva otra copa de ron

para la Lucy Folino.