martes, 20 de julio de 2010

Versitos para el chan chito varona.

También hace tiempo escribí estas rimitas:


Versitos para el Chan Chito Varona.

Resulta inevitable
que te sientas culpable.
Retumban los oídos
del socio perseguido.
Le sé y no me equivoca
alivio lo que toco
porque mi mano justa
de fieras no se asusta.
Las voces que silencias
escriben tu sentencia.
Al burlarte de todo
te has sumido en el lodo.
Amigo, tu paciencia
no admite la evidencia.
Me meten en cajones
de cristal y algodones
en zonas de Bohemia
que contangian Pandemia.
Las musas que torean
los versos que corean
los hombres de la mafia
que oprimen la Abulafia
de planes rosacruces,
de cómplices que de bruces
caerán del escenario
rezando este rosario.
Tu veneno es el musgo
del campo que prejuzgo
se fue de poste en poste
siguiendo un armatoste
robando las ideas
de las pobres aldeas
en noches de verano
de los prados urbanos.
Si fuiste funcionario
denuncio tu prontuario
de gris por la defensa
partícipe de ofensas
con nombre de canciones.
Perdono a los ladrones
su infiel necesidad
Critico tu impiedad.
No peco de inocente;
Aguardo otro presento
pues futuro no habrá
Maldita la ciudad
que me llevó al encuentro
con las luces del centro
que inspiran vanidad
por pura mezquindad.
Que se dejó abusar
para enseñarte a amar
el juego del teatro
que enseña el dos por cuatro
del tango universal.
Ni pimienta ni sal,
ni enemiga ni prima,
El cateto se arrima
al eco de las brutas
mujeres que reclutas
con aspecto trivial.
Termino. Menos mal
que pronto las cenizas
cubrirán con sonrisas
el cuento antecedente.
Serás improcedente.
Lo decretan mis labios
que vengan los agravios
con nombre de mujer.
Empieza ya a ejercer.
No te llamo persona.
Eres Pancho Varona.
Un omnívoro Sancho
un pancho entre los chanchos,
un gozne de Sabina
que atracó a la argentina.
Tu silueta de rata
de madama barata
comprender no ha podido
que se gana el olvido
callando la hermandad
de fría impunidad.
Hasta aquí en soledad
sin arte de humildad
es la piedra preciosa
que describe esta rosa
que te envío a la mesa
como vulgar princesa
del baile que apostrofa
con dardos esta estrofa
por vicio de jugar
el juego del juglar.
Las bolas del casino
mentira del destino,
la bola del billar
ha acabado de entrar
al agujero asesino.
Con alias de Al Pacino,
de Cohen y de Dylan,
letrillas que perfilan
tu afán de dominar.
(déjenme de robar)
(váyanse a cagar)
(y dejen de pactar)

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